La importancia de educar en alimentación

Acabamos el segundo bloque del curso, en el que se ha reflexionado sobre varios aspectos muy importantes relacionados con nuestra alimentación.

Si tan necesario es conocer la composición de los alimentos que ingerimos, lo que aportan a nuestro organismo, y por supuesto la cantidad que necesitamos de ellos, tal y como vimos en el primer bloque, no lo es menos saber cómo debemos manipularlos para mantener intactas todas sus propiedades durante el proceso de transporte y conservación en nuestra casa como al cocinarlo.

Cada tipo de alimento requiere de unas condiciones de utilización diferentes, y de la misma manera la técnica culinaria que utilicemos será fundamental en que aprovechemos al máximo los aportes nutricionales de cada uno de ellos, al tiempo que también nos va a facilitar la tarea de "querer comer", de sentir ese alimento como apetitoso, a nivel de la vista y del olfato (lo primero que notamos de un plato de comida es lo que vemos y, muchas veces, cómo huele al entrar en la cocina...) y a nivel de sabor.

La educación del consumidor va a ser fundamental para un correcto proceso.  Y cuando hablo de educación, lo hago en términos lo más amplios posible.  No se trata únicamente de conocimientos teóricos de composiciones y necesidades.

En primer lugar, conocer nuestros derechos de información sobre las etiquetas de los productos.  Cada uno de ellos debe mostrar datos acerca de su composición, alérgenos o cualquier otro de importancia para su compra y consumo; por ejemplo, lugar de cultivo o de pesca, técnica empleada para su captura, o tipo de crianza del animal.  Si existen especiales condiciones de conservación tendrán que venir también especificadas.  Me gusta observar el comportamiento de las personas en muchas situaciones, y en el supermercado no son muchas las que se detienen a leer las etiquetas; quiero creer que es por ser productos de compra habitual para ellos, y que ya se las saben de memoria.

Continuando con técnicas culinarias. Muchas veces se debate sobre la conveniencia de un pacto educativo, que básicamente se reduce en la mayoría de los casos a discutir sobre qué asignaturas deben cursarse.  Yo opino que es importantísimo saber matemáticas, historia o geografía, pero... ¿cuántas veces se estudia lo mismo a lo largo de los cursos que permanece un alumno en el colegio?  ¿No sería oportuno que existiesen asignaturas relativas a cómo afrontar la vida?  Educación financiera, mecánica, electricidad, fontanería... Y COCINA.  No solo aprenderíamos a cocinar, sino a hacerlo bien, con buena técnica, con variedad, y apreciando todo tipo de alimentos.

Además, ayudaría a desterrar falsas creencias y mitos que envuelven a los alimentos.  "Bébete el zumo rápido que se pierden las vitaminas", "Tómate esto que te irá bien para el estómago"...  Sabiduría popular, con base en la práctica pero en muchas ocasiones sin base científica.  Y algo muy unido también a la sabiduría popular y la costumbre: cómo y durante cuánto tiempo guardar sobras, hasta cuándo son óptimas para el consumo, o la forma de reutilizarlas y aprovecharlas más allá de las croquetas y los canelones.

Mientras llega ese momento (que no es por ser pesimista, pero dudo que lo lleguen a ver mis ojos), es bueno que los docentes apliquemos, de forma transversal, y siempre que nos sea posible, actividades en las que los alumnos tengan que informarse y aplicar estos conocimientos.  Aprovechar alertas alimenticias que podamos ver en televisión (y si no, ahí está la web de Aecosan), para hablar sobre esos productos; si estudiamos un determinado país o región, pedir a los alumnos recetas típicas y trabajar la composición y aportes; animarles a probar un alimento nuevo al mes y contar la experiencia en clase.

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